Felipe también empieza espectacular sólo que de acuerdo a las circunstancias actuales, o sea, se deslinda de algunos vicios foxistas:
-Primero, toma protesta en el Congreso con corbata gris, lo cual implica un símbolo de neutralidad (en cambio, el jefe de gobierno del DF, Marcelo Ebrard, cuatro días después llevó su corbata amarilla perredista a su toma de protesta en el congreso defeño)
-Luego da su primer discurso como presidente en el Auditorio Nacional ante una fuerte comitiva panista, entonces llevó corbata azul (a diferencia de la otra corbata, ésta la usa para decirle a sus compañeros de partido que no deja de ser panista, aunque para fines legislativos será neutro)
-Después en la recepción que las fuerzas armadas le dan al presidente en turno (como símbolo de unidad y conjunto entre ambas instancias), evento que se aprovecha para que sea también el primer evento público del nuevo gabinete presidencial, jamás lo acompañó su esposa, la cual estaba en el lugar central de la tribuna de los invitados especiales, a espaldas de la mesa donde estaban todos los nuevos secretarios
-Días después anuncia que no gastará en remodelar la cabaña presidencial, aquella donde Fox gastó y gastó y gastó hasta que lo cachamos (entonces despidió al desconsiderado encargado de esos menesteres, el cual “tomaba decisiones en solitario”, por pura maldad, adiós a su vida política…)
-Y finalmente anuncia que se bajará el sueldo en un 10%, él y sus secretarios, algunos gobernadores se han sumado a esta propuesta (claro que, ni aún bajándoselo 30%, deja de ganar menos que otros mandatarios de países más estables que México como Chile y España).
En todo esto veo varios símbolos que dictan “hagamos las cosas como sabemos que deben hacerse”, o sea, siguiendo el A-B-C- de toda vida política. Me explico. Toma protesta como Dios manda. Gobernará con corbata gris sin dejar a un lado su formación blanquiazul. Adopta (y esto tal vez sea lo más importante hasta el momento) políticas sociales dignas de gobiernos de izquierda, como declararse como un gobierno austero, bajarse el sueldo, reconocer (al menos constantemente en su discurso) a las minorías, a las oposiciones, impulsar un programa de gobierno donde todos los bebés que nazcan a partir del 1 de diciembre cuentan con un seguro de gastos médicos, o el otro donde se le otorgan beneficios fiscales a las empresas que contraten gente nueva, jóvenes con su primer empleo, etc., esta adopción de la otra visión, la izquierdista, populista, social, es lo que, siento, va a marcar su discurso.
Hay quien cree que todos estos detalles no importan, pero curiosamente en la política, como en la guerra, prácticamente todo está planeado, todo está en función de una estrategia donde los símbolos ocupan un papel fundamental, son un lenguaje que nos comunican mensajes anexos a lo que las palabras del discurso pronuncian. ¿PODREMOS, LA GENTE COMÚN, ESTAR A LA ALTURA DE ESTE PRESENTE MEXICANO?
Hasta el momento veo que no porque, a seis meses de las elecciones, todavía se gasta energía en mentarle la madre a Calderón o en defenderlo, en acomodar su nombre para que se lea FeCal o FeliPILLO o en proclamarlo como el gran presidente del PAN, en afirmar que todos son unos desgraciados, en decir que es innegable el fraude electoral o que jamás hubo, que viva la presidencia legítima de López Obrador, todo lo cual demuestra creatividad, humor, pasión por las clases sociales, pero en todo ello no hay una pizca de análisis de fondo, el problema es cuando toda esta gente (bloggers, perdiodistas, vecinos, familiares) se presenta como objetiva, cuando sólo se muestran reaccionarios, incapaces de admitir ideas ajenas para enriquecer la propia. Hay mucho ego en esta sociedad.
Lo innegable es que la nueva presidencia está en marcha, y que maneja, desde el primer día, discursos y proyectos que Fox no manejó en seis años, precisamente porque hay verdades que no se pueden negar, como la demanda de mayor equidad a todos niveles, como que hay muchas voces inconformes que merecen ser escuchadas y tratadas con justicia, como que de nueva cuenta hay un presidente en México con apenas el 30% de los votos de un 60% de mexicanos que votaron (o sea, de cada 10 sólo 6 votaron, y de esos 6, sólo el 1.8 votó por Calderón).
El material humano con que cuenta la política mexicana no es el mejor ya que está repleto de sospechas, pero esto es lo que se tiene y sobre esto se tiene que trabajar. Calderón y López Obrador llevarán las riendas de esta sociedad, hay que estar atentos para no dejarnos adoctrinar por cualquiera de los dos discursos, hay que estar atentos para ser panistas o perredistas con libertad para la autocrítica, hay que estar atentos para ser apartidistas capaces de evitar la polarización.
