(35 piezas para acompañar la lectura:)


octubre 19, 2008

(FE)MALE : formas vigentes de discriminación entre géneros

I.
Pelé y Facundo Cabral comparten (junto con otros hombres igualmente inteligentes, igualmente brillantes) una declaración hecha más o menos en la misma época a un par de medios de comunicación mexicanos: “mi debilidad son las mujeres”, frase con la que más de uno se ha de sentir identificado y a más de una le ha de parecer una idea agradable: el hombre inteligente convirtiéndose en tonto a causa de las irresistibles mujeres.

Creo que esta idea es discriminatoria por dos razones:
1.- ¿No querrán decir que las mujeres son “su fortaleza”? Según entiendo, estos hombres se vuelven más creativos y “vigorosos” a causa de las mujeres, no sé por qué entonces hay que usar el término “debilidad” (aunque creo que sí sé, más adelante expongo mi tesis).
2.- Su debilidad son las mujeres pero no cualquier clase de mujer sino las mujeres jóvenes. Cuando ellos tenían 20 años se enamoraban de las de 20, ahora que rebasan los 50, 60 años, se siguen enamorando de las de 20. ¿Podrían volver a enamorarse de esas veinteañeras de las que se enamoraron cuarenta años atrás? Seguramente no porque no es lo mismo una menopáusica que una modelo en ciernes, entonces su debilidad no son Las Mujeres sino apenas Unas Cuantas Mujeres.

II.
Gracias al Día Internacional de la Mujer que se celebra cada 8 de marzo (y que existe no para que los hombres felicitemos a las mujeres por el hecho biológico (es decir, involuntario) de ser mujeres sino para llevar a la discusión pública la reflexión en torno al contexto actual de la mujer en el mundo (la mujer africana y árabe desde los puntos de vista global e interno; la mujer occidental en el poder, dentro de la familia, en los negocios, en su soledad; el derecho a la anticoncepción; etc.)) he podido conocer todo tipo de notas y puntos de vista en torno al tema de la mujer, por ejemplo, en los años ochenta el estado mexicano se jactaba de decir que en México no había violencia intrafamiliar hacia las mujeres cuando lo que pasaba era que, simplemente, no se denunciaba a diferencia de ahora que hay una importante presencia en los medios para impedir este tipo de abusos, aunque en la práctica se sabe que al interior de las familias y las empresas y la vida pública hay mucha discriminación hacia las mujeres pero eso es tema de otra índole, lo importante aquí es hablar de las sutiles formas de discriminación que se dan hoy en día (aunque viéndolas bien, tienen su explicación en la historia, no son nada nuevas), lo que tampoco hace que Pelé y Facundo Cabral sean racistas o machistas sino simplemente ejemplifican cierta actitud culturalmente inconciente de muchos hombres con respecto a las mujeres.

III.
La sociedad ha rechazado siempre a las brujas, esos seres que simbolizan lo extraño, lo extranjero, lo que corrompe a la colectividad, lo que no entra en la moral y las costumbres de un grupo. La imagen de una bruja ardiendo en la hoguera hasta Los Simpson la han usado en más de 3 capítulos para parodiar el prejuicio social, en fin, es una imagen que define muy bien el trato parcial (o sea, injusto) que una sociedad le puede dar a esas personas extrañas que no encajan en ella y que, por lo mismo, representan una amenaza para el grupo.

Hoy en día no se empleará de modo habitual el término “bruja” para denunciar a una mujer pero se sigue creyendo que cierto tipo de mujeres llevan el mal consigo ¿Ejemplos?

-Las esposas de los futbolistas: resulta que cuando va a jugar la Selección Mexicana (o cualquier otra que no sea la rusa o la húngara u otra del estilo) nuestros héroes futboleros tienen prohibido tener relaciones sexuales días antes del partido para que “no se desgasten” y así tengan más “energía” en la competencia (la bruja mujer esposa que se chupa la energía de estos hombres).

-Las mujeres que ascienden laboralmente en una empresa: siempre han de llevar el estigma de “se acostó con tal” o “le seduce al jefe” y demás ideas del estilo, entonces parece imposible que una mujer ascienda laboralmente de manera justa, siempre ha de haber mitos alrededor de su éxito laboral (la bruja mujer trabajadora que lleva consigo pócimas infalibles para que un hombre haga lo que ella quiere).

-Las mujeres que no les interesa arreglarse: señaladas como antifemeninas, feas o amargadas, estas mujeres provocan reacciones sorprendentes en los grupos alrededor de ellas: si eres mujer y no te interesa arreglarte para atraer a hombres y provocar envidias en mujeres, algo está mal contigo, si no es baja autoestima es trauma psicológico o lesbianismo o unos padres represivos o no tener “buen cuerpo” (la bruja mujer de feo aspecto que envidia a la bonita del cuento).

-Las mujeres menopáusicas: de plano las sociedades occidentales las han colocado como mujeres en decadencia, que ya no pueden tener vida sexual, que ya no son atractivas, que ya se irán llenando de achaques, cuando bien podrían volverse las mujeres sabias del grupo, pero no, lo de “sabio” generalmente se aplica para los hombres de dad avanzada, difícilmente se admira a una mujer (de cualquier edad) por su manera de pensar (la bruja mujer vieja que está relegada al escondite, a la cueva, al vilipendio).

IV.
Entonces, estimados Pelé y Facundo Cabral (y demás hombres jóvenes y adultos), si su debilidad son las mujeres
¿eso debería ser un halago para ellas?,
¿por qué hacer jerarquías dentro del género femenino?,
¿por qué no empezar a romper de una buena vez estos patrones de pensamiento y darse cuenta del valor de todo ser humano sin tener que recurrir a categorías?

Qué masculino suena desear a la mujer joven que se arregla, incluso los científicos se han encargado de reafirmar ideas como que éste deseo del macho es herencia natural en aras de la especie o que el hombre por las condiciones de su cerebro es más visual que la mujer. Con información idiota como ésta, cómo no nos vamos a sentir con el derecho biológico, neuroquímico, social, de voltear a ver el trasero de una mujer en la calle, de reducirla a un cuerpo, de volvernos jueces para afirmar si ese cuerpo es merecedor de nuestro deseo o no.

Hay tanta historia de discriminación en el presente de nuestras relaciones hombre-mujer… Conozco a hombres que adoran a las mujeres pero que a la hora de una charla, de un noviazgo, de un intercambio laboral, involuntariamente las discriminan al no respetar sus opiniones, al querer que ellas sean de un modo en específico (apariencia, manera de ser), al poner mil peros para no reconocer las buenas ideas, los buenos juicios de una compañera de escuela, de trabajo. ¿Nunca han presenciado una charla entre hombres y mujeres en torno a ciencia, religión, política, espiritualidad o fútbol en la que, desde luego que “se deja hablar a las mujeres” (vamos, no estamos en los 30 como para no permitirles expresarse), pero que esa opinión generalmente no es tomada en cuenta? Nunca he visto que un hombre le diga a una mujer, “wow, qué idea tan brillante”. No estamos viviendo la discriminación que se vivía antes de los años 60, si embargo siendo habiendo diferenciación en el trato entre hombres y mujeres, lo que hace que se vuelve un acto muy sutil esta discriminación de hoy en día.

V.
No se trata de elogiar a las mujeres, de “defenderlas”, de decir que son lo máximo, de apoyar movimientos feministas (cualquier movimiento que se autoproclame como tal, de entrada no aboga por la equidad de géneros sino que se concentra en uno de los dos lados de la moneda), sólo se trata de no diferenciar, de no separar, de dejar a un lado esta manía de ser jueces y juzgarlo todo. ¿Qué sería de hombres y mujeres si pudiéramos deshacernos de esos patrones de pensamiento que no elegimos nosotros? Ya estaban ahí cuando nacimos, ¿por qué jodidos repetirlos como si fuéramos máquinas programadas?

Qué hermoso es estar con una mujer (cualquier mujer) y saber escuchar lo que piensa, poder verla como un ser humano completo, no importando su edad, su perfume, su ropa, su personalidad. Qué hermoso es que una mujer te trate de manera equitativa, que dialogue contigo sin sentirse superior o inferior. Qué bien sabe la libertad una vez que se prueba. Lo curioso es que al día tenemos cien mil oportunidades para comenzar a probarla, sólo es cuestión de elección, de reconocer estos modelos culturales, de examinar nuestros pensamientos y acciones, de pugnar por la unicidad.

VI.
Posdata del 14 de mayo del 2012:

Una bella cita de un libro morado del
FCE: "No vivenciamos una guerra de los sexos sino el hecho de que ambos sexos son víctimas de un viejo y milenario sistema de representaciones. Se torna importante entonces que ambos sexos trabajen en conjunto para cambiar ese sistema. La opresión y desvalorización de lo femenino no es necesariamente un beneficio para lo masculino. De esta manera, cuando las posiciones de lo masculino y de lo femenino ya no sean concebidas en términos de superioridad e inferioridad, el hombre ganará un interlocutor: hablará con la mujer de igual a igual. Por otra parte, los hombres ya no se avergonzarán de su parte femenina. Y no resulta evidente que la igualdad de las personas elimine el deseo y el amor entre ellas."

Françoise Héritier. Masculino / Femenino II. Disolver la jerarquía.

junio 11, 2008

Antagonismo de dos discursos

Los discursos más recurrentes en México tienen que ver con la autosuficiencia, al menos los de los últimos meses con respecto a la reforma energética y al fútbol, dos temas que saturan los medios. En ambos la constante es la misma: “no hay necesidad de que haya manos extranjeras en nuestros asuntos, podemos valernos por nosotros mismos”.

En la década de los 50 México supo posicionarse (verbo que no existe pero que sirve para hablar de economía y mercado) como un país en crecimiento, un país que más o menos se benefició de su no participación en la Segunda Guerra Mundial ya que algunas industrias, como la tecnológica y la cinematográfica, pudieron desarrollarse en éste país debido a que Estados Unidos tenía toda su atención en la guerra. Entonces nos dimos cuenta de las ventajas de la autosuficiencia, dejamos atrás el espectro revolucionario y entramos de lleno a la institucionalización del Estado, aprendimos de globalización y capitalismo, aprendimos de capacidad de consumo, aprendimos de generación y manejo de los recursos propios.

Claro que en esos años éramos 30 millones de habitantes, la mayoría acostumbrada al trabajo y a comer de acuerdo a lo obtenido de él, las familias eran numerosas pero alcanzaba para lo básico, tal vez no para lujos pero creo que la unión, la hermandad y la diversión dentro de las familias hacían que no se anhelaran lujos (nuestros padres y abuelos tienen unas anécdotas fascinantes al respecto del life-style de esa época cincuentera-sesentera).

Hoy somos 108 millones de habitantes, somos muchos países distintos en uno solo, esta sociedad no tiene nada que ver con aquella serena sociedad de los 50, esperanzada, rodeada de cerros visibles, con tranvías que iban de una especie de pueblo como Coyoacán a otro como La Villa, esa vida simple por la que es fácil sentir nostalgia (aunque creo que muchos no cambiaríamos la delicia del vértigo de hoy en día, ese laberinto urbano que permite encontrar un tipo de belleza anárquica muy interesante, más real, más representativa del mundo).

El problema con estos discursos que sostienen que México puede ser autosuficiente es que es un discurso plausible para la condición del país hace 60 años, cuando la demanda era 5 veces menor a la actual. En éste país las dos terceras partes del territorio son suelo desértico y eso no ayuda mucho para satisfacer la demanda nacional de alimento, menos si somos uno de los países que más desperdicia agua y que menos recicla en el mundo, si nuestra población es de las principales consumidoras per capita de refresco, de gel para el cabello, de papel higiénico, de agua embotellada, lo que implica que hay una costumbre-del-desperdicio que ninguno de los gobiernos que existen en este país busca atacar.

En el 2001 el barril internacional de petróleo se cotizaba en 19 dólares, hoy está en 130 (a final de mes quién sabe en cuánto estará), por ello la gasolina sube a nivel internacional (cosa que en México no se siente porque está subsidiada), lo que aunado a la llamada “crisis mundial alimentaria”, da como resultado un sinfín de condiciones adversas para las economías del mundo, por ejemplo para la exportación de productos, de alimentos, ya que su transporte será más costoso y por ello su precio al consumidor será más elevado, en fin, problemas así son los de hoy en día, por eso que México siga pensando en autosuficiencia, pidiendo que no esté un técnico sueco en la selección ni un solo pelo extranjero en PEMEX cuando el planeta entero está en otros debates integratorios al mundo, a las reglas del juego de un mercado global que no será el ideal pero que es inamovible, pues resulta chistoso, curioso, anacrónico, penoso.

En México lo que se debería de hacer es impulsar incentivos fiscales para las empresas que inviertan en otro tipo de energías, exentar de tenencia a los vehículos híbridos, anticiparse a problemas futuros, o sea, invertir en industrias como la del agua (¿el oro transparente del futuro?) o la de los biocombustibles, invertir en la educación competitiva, en fin.

Pero eso no pasará, seguiremos atorados a la mitad de dos discursos (la de la modernidad capitalista-privatizadora y la de la total autosuficiencia), dos ideologías que no darán su brazo a torcer y que, de algún modo, ambas tienen razón, lo que deriva en un gran problema sociocultural: buscar la democracia perfecta donde los acuerdos sean absolutos, aunque eso no sea democracia, democracia es que la mayoría decida y la minoría tolere, proponga y forme inteligentes contrapesos.

Las grandes preguntas con todos estos temas recientes son:
¿Se puede lograr la autosuficiencia en un país que ha crecido tanto?
¿Se necesita de inversión extranjera para transportar petróleo y explorar yacimientos?
¿Quién puede confiar en privatizaciones (o “asociaciones”) en éste país con todo nuestro pasado fraudulento?


El ambiente político, cultural, económico en México es sumamente interesante pero no por la creatividad para resolver nuestros problemas sino por lo atorado que está todo, lo cual deja unas expectativas hacia futuro terriblemente obtusas.

Contact